Aprendiendo a manejar

Un hijo adolescente llega con sus padres y les dice: “Ya tengo edad para aprender a manejar y lo necesito porque la escuela a la que entraré el próximo año está más lejos y tendré que ir en carro”.

Por Ma. Olivia González Aguilar

Un hijo adolescente llega con sus padres y les dice: “Ya tengo edad para aprender a manejar y lo necesito porque la escuela a la que entraré el próximo año está más lejos y tendré que ir en carro”.

Los papás responden: “Pensamos que sería mejor esperar unos meses porque aún no cumples los 16 años que es la edad que la ley estipula para poder darte tu permiso para conducir y además no te podemos dar un coche.”

A lo que el hijo réplica: “Pero papá, puedo aprender ahora y ayudarle a mi mamá llevándola a donde necesite y que ella me preste el suyo”.

Entonces la mamá protesta: “Yo no tengo horarios fijos en mi trabajo, necesito estar disponible cuando los clientes requieran que vaya a sus oficinas, así que difícilmente nos podemos organizar para compartir coche.”

Está bien –dice el hijo- voy a esperar unos meses y en este tiempo conseguiré un trabajo para reunir algún dinero y ayudarles para poder comprar un carro usado que sea sólo para mí.

La familia llega a este acuerdo y dejan transcurrir el tiempo. Cuando se cumple el plazo se vuelve a plantear el asunto. Un día llega el hijo y dice: “el amigo de uno de mis compañeros está vendiendo su coche, yo ya tengo un poco de dinero y quiero saber si ustedes me pueden apoyar  con lo demás”.

Los padres se alegran al ver que el hijo cumplió su parte del trato y le dicen que sí lo ayudarán. Entonces viene la siguiente parte: ¿cuáles son los pasos que se deben seguir para que el joven se convierta en automovilista?

Bien –dice el padre- lo primero que necesitamos  es una persona que te ayude a aprender a manejar.

Se ponen en contacto con la persona y comienzan las clases de manejo. El joven aprende sobre cada una de las partes que intervienen en la conducción, cómo se llaman, para qué sirven y cómo hay que usarlas para que el coche arranque y frene. Después con la práctica aprende a manejar.

Posteriormente debe pasar el examen, por lo tanto, debe aprender las normas que rigen la circulación, estudia el reglamento de tránsito, practica en las calles para familiarizarse con ellas y cumplir con los principios de respeto, tanto a las personas como a las reglas. Cuando se considera preparado presenta su examen y lo pasa, obteniendo así su permiso de manejo, se siente contento y satisfecho, además de emocionado al saber que pronto tendrá la oportunidad de manejar su propio auto.

Llega el tiempo de reiniciar la vida escolar en otro plantel, el hijo ya compró su coche y se prepara muy gustoso para estrenarlo, los padres, venciendo la ansiedad que causa ver a los hijos crecer e independizarse, salen a despedirlo y desearle buena suerte en su nueva escuela pero antes de abrir el zagúan para que se vaya le dicen:

“Estamos muy orgullosos de ti, has cumplido con las cosas que te comprometiste y tiene lo que querías, sólo deseamos que recuerdes antes de irte que lo más valioso que existe es la vida”.

El joven se sube a su coche y se va.

En este ejemplo podemos analizar en qué momento se presenta cada uno de los cuatro procesos de pensamiento.

El primero, el de la Lógica sensible,  lo encontramos en el momento en que el cuerpo se acomoda en el asiento del conductor , toca los pedales, las manos toman la palanca de velocidades y el  volante, se aprenden los movimientos necesarios para mover el coche, los sentidos están alertas, la vista se fija en el camino ¿cuál es?,  ¿está libre? El oído se aguza para percibir si hay personas cerca, si se escucha otro motor o un claxon. ¿Huele a lluvia?, están los limpiabrisas en buen estado? Además se capta el espacio que se necesita para estacionar el coche, si hay espacio suficiente para pasar entre dos vehículos en movimiento, para conservar el carril de circulación y calcular las distancias.

Este proceso sigue estando presente todo el tiempo mientras los músculos se acostumbran a dar el giro apropiado para dar la vuelta, los pies aprenden cuánto y cuándo deben pisar el freno o el acelerador, se coordinan brazos y piernas para cambiar de velocidad y todos los demás movimientos que el cuerpo debe aprender y practicar hasta hacerlos automáticos.

El segundo proceso de pensamiento, el de la Lógica formal, se requiere para aprender el nombre de las partes del coche, su función y los momentos adecuados para usar cada una de ellas, además de la secuencia en que deben hacerse.

Con el tercer  proceso de pensamiento, el de la Lógica sistémica, el joven aprende acerca de la circulación vehicular, los principio que la rigen, puede prever sus movimientos y los de los demás , se da cuenta que la calle no es sólo suya, que está inmerso en un grupo social y que él es un individuo independiente.

El cuarto proceso de pensamiento, el de la Lógica relativa, está presente cuando los padres le dicen a su hijo que lo más valioso que existe es la vida. Con esta frase están resumiendo los valores que debe tener presentes al conducir, el respeto, la cortesía, el cuidado de los bienes y muchos otros que tienen como objetivo valorar y cuidar la vida, tanto de los demás como la propia.

También corresponde al cuarto nivel de pensamiento el reconocimiento que dan los padres a su hijo por tener responsabilidad y haber cumplido con sus compromisos.

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