La competencia

Hace algunos días vi en el supermercado a una niñita de aproximadamente dos años de edad sentada en el carrito de las compras, estaba muy sonriente viendo los productos que su mamá colocaba, no solamente llamó mi atención sino la de otra señora que comentó “que niña tan linda y tan bien portada, voy a traer a mi nieta para que la vea porque ella es muy llorona”, la mamá de la niña dio las gracias y se quedó muy feliz y yo me quedé pensando: “con una abuela así ¿quién no llora?”.

Por Olivia González Aguilar

Hace algunos días vi en el supermercado a una niñita de aproximadamente dos años de edad sentada en el carrito de las compras, estaba muy sonriente viendo los productos que su mamá colocaba, no solamente llamó mi atención sino la de otra señora que comentó “que niña tan linda y tan bien portada, voy a traer a mi nieta para que la vea porque ella es muy llorona”, la mamá de la niña dio las gracias y se quedó muy feliz y yo me quedé pensando: “con una abuela así ¿quién no llora?”.

Este tipo de comparaciones es muy común en nuestra sociedad y algunos ejemplos de ellos son las frases:

  • El número uno
  • Hay que ser el mejor
  • Aprende a…
  • Deberías hacerlo como…

Utilizamos también estas comparaciones para motivar a nuestros hijos a hacer cosas, por ejemplo:

  • Vamos a ver quién termina primero.
  • Le voy a dar un premio al que lo haga mejor.
  • Ve a tu hermano, el no hace eso.
  • Tu primo sacó el primer lugar de su grupo ¿y tú?

Es muy cierto que este tipo de frases constituyen la forma más rápida para motivar a los niños pero analizando la forma en que funcionan vemos que a largo plazo son más dañinas que benéficas.

¿Quién no conoce familias en las que los hermanos están distanciados, no se frecuentan y en ocasiones hasta se aborrecen?, si nos adentramos en su historia encontramos que las raíces de estos sentimientos se encuentran en la rivalidad generada en el hogar por el deseo natural de captar la atención de los padres o de los adultos que son significativos.

En Ya Aprendí tenemos el ideal de pensar que cada persona es un ser único e irrepetible que puede aportar a los demás gracias a sus características personales y que lo que debe hacerse es ayudar a cada individuo en el descubrimiento de sus capacidades y habilidades, que no tienen por qué ser iguales a las de los demás. La riqueza y el crecimiento de nuestra comunidad se da a partir de las aportaciones individuales.

Para sembrar en nuestros hijos las semillas de la colaboración, la solidaridad, el sentimiento de pertenencia, la seguridad en sí mismos y el deseo de aportar, los padres tenemos a nuestro favor la convivencia con los niños en su etapa de formación inicial y preponderante, la que abarca desde el nacimiento hasta aproximadamente los 12 años de edad, en la cual su objetivo es entender el mundo y adaptarse a él. Si les pedimos que compitan contra los demás y ganen a como dé lugar estamos en el camino de hacer seres egoístas a los que no importarán los cómos sino el qué. Si por el contrario viven dentro de una familia que respeta las diferencias individuales, reconoce los logros de cada uno de sus miembros, apoya sus intereses y sobre todo no los pone a competir sino a ayudarse mutuamente entonces estaremos colaborando en la creación de un mundo mejor para sus futuros habitantes y algo que tal vez nos llene más de satisfacción, tendremos hijos contentos y seguros de sí mismos que se reconocen parte importante de una comunidad.

En resumen, la competencia contra los demás sólo es válida en los juegos y deportes, siempre y cuando no llegue a las aberraciones que estamos viviendo actualmente como es la de cambiar el metabolismo de una persona que para el resto de su vida está condenada a comer en un día lo que otros comen en una semana y estar quemando esas calorías haciendo ejercicio durante ocho horas diarias ¿qué será de ella cuando ya no lo pueda hacer?

La única competencia válida es la que tengo contra mí mismo, la que me lleva a superarme, a lograr cada día un poco más de lo que logré el día anterior, sin importar lo que logren los demás porque esta última postura me llevará a defraudarme constantemente ya que siempre habrá alguien que lo haga mejor que yo, si no veamos el libro de record Guinnes, cambiando constantemente y llenándose cada vez más de tonterías sin sentido.

Algunas sugerencias para motivar a nuestros hijos sin ponerlos en competencia con los demás son:

  • Darles un cuaderno en el que anoten las marcas logradas cada día por ejemplo en equilibrio ¿cuántos segundos puedo estar parado sobre un pie?; en coordinación ¿cuántas veces puedo botar la pelota contra el piso sin perderla?
  • Reconocerles sus logros por pequeños que sean, con una palabra, una palmada, un aplauso, un beso, etc. Nunca con premios materiales.
  • Darles a conocer tanto sus derechos como sus obligaciones, haciéndolos responsables de tareas en beneficio de los demás porque estamos en una comunidad en la que si todos aportamos algo estaremos mejor.
  • Poner a su disposición materiales diversos con los que puedan crear cosas de acuerdo a sus intereses y habilidades personales.
  • Darles oportunidad de realizar aquellas actividades que a cada uno interesen sin tenerlos a todos en las mismas.
  • Procurar tener tiempos exclusivos para cada uno por lo menos una vez a la semana.
  • Incorporarlos a actividades de la vida cotidiana que sean en beneficio de los demás miembros de la familia y reconocer las aportaciones que cada uno hace.

Compartir Artículo:

Facebook
WhatsApp
Twitter
Email
0
Carrito
Tu carrito está vacíoRegresar a la tienda